viernes, 6 de abril de 2012
domingo, 7 de marzo de 2010
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Paréntesis
domingo, 9 de agosto de 2009
Lento
Se despertó al amanecer, con otro pulso, más lento, más ella. Oía el mar y olía a mar. Abrió los ojos y lo vio, azul y calmo, espléndido y tendido, delante de ella. Toda la casa era blanca, ella se sentía blanca... ¿En qué momento había renunciado a sentir a través de su propia vida y se había refugiado entre libros, con palabras de otros, cuerpos imaginados y vidas ajenas que sentía como propias? Se empezó a tocar, al ritmo del mar. Se iba abriendo, siguiendo el cielo, cada vez más alto, más abierto, más azul... La pequeña bruma del amanecer se difuminaba. Ella iba sintiendo pequeñas olas sobre su piel hasta que todo su cuerpo se contrajo en una última ola que la dejó todavía más calma, con su cuerpo relajado y la mente vacía.
Se lavó los dientes y se puso un bikini azul marino. Era como su segunda piel cuando estaba en esa casa, estaba descolorido y con la lycra totalmente cedida, pero se sentía libre con él, no le apretaba por ningún sitio y conocía su textura.
Adoraba esa casa, ese rincón del mundo, pequeño y anónimo, donde todo se paraba. Bajó a la playa, estaba justo delante de la casa. Y se fue metiendo poco a poco en el mar. Los pies, los tobillos... Las olas iban y venían... Un paso más. Otro paso... ¿Cuántos pasos había dado en toda su vida? ¿Cuándo había dejado de ser consciente y se había abandonado a un paso que no sentía? Abrió las manos y extendiéndolas toco el agua con la punta de sus dedos, acariciándola, y con las palmas abiertas empezó a hacer círculos sobre el mar. Se fue metiendo, lentamente, hasta que ya le cubría por la cintura y se zambulló de cabeza en él. Entera. Fue buceando, abriendo los ojos, dentro del agua. Se quitó el bikini y se ató la braguita en una muñeca y la parte de arriba en la otra. Y comenzó a nadar a braza, abriendo sus brazos, abriendo sus piernas. Las abría y las cerraba. Inspiraba y espiraba. Pranayama. Sentía el movimiento del mar modelar su cuerpo,rozándolo sin ningún pudor ni cuidado, iba y venía, fuerte, lento, calmando su alma, abriendo todos sus huecos y llenándolos de un ritmo lento y suave. Llegó a la boya amarilla, tocó primero con las manos y luego con los pies, como mandaba la tradición, y se quedó haciendo el muerto, escuchando su respiración en el mar. Inspirar por la izquierda, retener, espirar por la derecha, volver a inspirar por la derecha, retener, espirar por la izquierda. Nadi sodhana, respiración alterna. Ciclos, ciclos...
miércoles, 17 de junio de 2009
Anclas
Hay veces que conoces personas que mueven algo dentro de ti, y las necesitas cerca, quieres tocarlas, sobarlas hasta dejar su piel lisa, con las palmas de tu mano, con tiempo, pasándolas, y repasándolas, acariciándolas una y otra vez, como un albañil cuando trabaja las paredes de una casa, que pasa su mano una y otra vez, las alisa, y las vuelve a alisar. Pero a veces cuando ya está preparada la pared, la casa se desploma, o simplemente se evapora.
Esas personas a veces están ancladas en otros mundos. Algunas con anclas de papel que no pesan, y van moviéndolas de mundo a mundo, fluyendo con corrientes hasta ahora desconocidas. Pero otras tienen anclas de plomo que las retienen. No pueden moverse de su mundo. Y si alguna vez se atreven a mover un poco la cadena más de lo justo, tienen un pequeño tiempo, a veces demasiado pequeño y limitado para pertenecer a otros mundos, porque en cuanto el ancla plomiza se da cuenta, vuelve a tirar de la cadena, y regresa a su mundo, al que se ha construido, con sus ventanas conocidas y sus corrientes controladas. Pero esos pequeños tiempos a veces rompen otros mundos, diferentes. A veces rompen anclas. A veces crean otro tipo de cadenas, de eslabones entrelazados que son invisibles. Porque son tan puros, son tan bellos, que se quieren alargar, se quieren hacer eternos. Pero no es posible. Un ancla de plomo nunca se mueve. Tiene que mantener su posición fija en el mar. No puede correr el riesgo de irse a la deriva.
sábado, 25 de abril de 2009
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Un punto. Sólo había un punto de más.
Quizás ni se había dado cuenta, y se le había escapado al escribir. Pero no, sabía que ese punto podía significar todo. ¿Cómo algo tan minúsculo se podía atrever siquiera a sugerir tan distinta percepción?
Un punto podía ser el universo, o podía ser un agujero negro, una estrella o una gota de agua, un grano de arena, un hilo de luz, un pájaro visto desde la distancia... Eso era, la distancia, como no se había dado cuenta antes... Esa era la variable que hacía que todo cambiara. Pero ¿cuál era la distancia correcta? ¿A qué distancia situarse? ¿Existía acaso una altitud y una latitud precisa?
Un punto era su pezón, cuando lo rozaba y se hinchaba, y lo besaba y se hacía más grande, y se separaba del pecho y se endurecía, cambiando de color, firme, desafiando la gravedad. Un punto era ese pequeño montículo en su piel, cuando le daba un escalofrío al pasar su aliento por su cuello. Un punto era el final de su lengua cuando recorría la piel de su boca explorando sus abismos. Un punto era ese agujero negro, ese hueco, dentro de ella, que él a veces habitaba. Un punto era la pupila de su ojo, cuando él abría los ojos, y ella los cerraba.
Un punto podía ser negro, azul, rojo, o verde, o rosa. Pero este punto estaba escrito con tinta negra.
Divisó un punto amarillo en el mar. Era una boya, una señal puesta para orientar a los navegantes. Tenía una posición precisa, a doscientos metros de la costa, a doscientos metros de la siguiente boya. Pero ¿él? ¿dónde posicionarse él? ¿Acaso ese punto, su punto, podía ser una señal de peligro? ¿Podía significar un cambio de dirección, una barrera, un escudo...?
No, un punto es la expresión mínima. No tiene altura, ni longitud, ni profundidad. Un punto es solo. Y está solo. Un punto no delimita con nada, porque no se toca con nada, es la soledad. No tiene fronteras con otros puntos porque a su alrededor sólo hay vacío. Un punto está solo. Y quiere estar solo.
Un punto seguido. O un punto aparte.
O quizás un punto de unos puntos suspensivos... suspensivos....

