martes, 19 de abril de 2011
martes, 16 de noviembre de 2010
Choose
Noviembre. Me gusta este mes. Mes de sol y frío. De caminos llenos de hojas. Un noviembre empezó. Este sentimiento. Ahora me iría de nuevo. Dejaría todo. Y me iría a caminar. A seguir flechas amarillas, o azules, da igual el color. A sentir el frío en la piel de la cara y el cansancio en las piernas. Y caminar y seguir caminando. En silencio. Con la naturaleza.
Ahora siento demasiados cables dentro de mi cabeza. Esta mañana he hecho el mandala que me enseñó Esen, como un árbol, desde el centro hacia afuera. Y el árbol tenía demasiadas ramas. ¿Dónde está el demasiado? ¿Cómo medirlo? Hay que salir de las ciudades. Dicen. En Asia es diferente. Digo. Pero, ¿qué hacer? ¿salir?¿entrar?¿buscar?... Acaso descansar. Pero sin morir. Sólo para recuperar energía, curar alguna rama o romperla del todo, y ver los brotes nuevos. Y seguir. Diferente. Siempre es diferente.
En días como hoy simplemente desaparecería. Caminando. Descalza.
jueves, 28 de octubre de 2010
Nudos-dos
Algunos nudos se van deshaciendo. Otros, sin embargo, cada vez tiran más, y se van cerrando con más fuerza.
En China no pude entrar en el blog. Siempre se me olvida. Creo que me pasa porque es algo que no se puede entender. Que en el año 2.010, en un país como China, con una imagen tan moderna, en el que viven ya más de 1.300 millones de personas, de los cuales se calcula que 400 entran en internet (siempre me hacen gracia estas estadísticas de millones de personas) no se pueda entrar en ningún blog de blogger o de wordpress, o a youtube y tantas otras webs. Que siga teniendo tantas prohibiciones y siga tan cerrado. Se olvida. Cuando uno llega allí a trabajar, o de viaje de lo que sea, y sale y entra, y ve a toda la gente vestida con las últimas tendencias y con tantos carteles y luminosos por la calles. Se olvida. Que luego en cada casa, o en cada universidad, cuando una persona se mete en internet no tiene acceso a una lista infinita de blogs. Están bloqueados.
Luego en Hong Kong, con sus rascacielos que parecen montañas y tantas ventanas. Siempre me quedo mirando esas ventanas diminutas e incontables, imaginando qué puede estar pasando en cada una de ellas. El tifón se desvió. Pasé por Bangkok, mi querida Bangkok, la ciudad donde siempre pasan cosas tan bonitas. Había un conejo en el cielo. Por allí sí había pasado Megi y estaba todo inundado.
Ahora, en India, los namaskar y las sonrisas continuas, desde el corazón, suavizan el alma. Me he quitado las zapatillas de cordones y me he puesto las sandalias. Ya no tengo nudos. Sólo pies al aire.
jueves, 22 de julio de 2010
lunes, 30 de noviembre de 2009
Estelas
¿Hacia dónde quieres ir? ¿Qué estela quieres seguir?.
¿Necesitas una ruta marcada? ¿O prefieres seguir tu instinto?
¿Quieres asfalto? ¿O prefieres tierra?
¿Aguantas el calor en tus suelas? ¿Y el frío?
Adelante, comienza.
Adelante, gira.
Adelante, camina.
Adelante...
Y si hace falta, ve a la pata coja... da igual que te miren, o que te llamen loco.
Sigue un camino, o sigue otro... pero sigue andando, no te quedes quieto.
Para, descansa, respira.
Y reflexiona, y vuelve a respirar, y comienza de nuevo a caminar.
Adelante...
Sigue hacia delante.
jueves, 29 de octubre de 2009
Desde mi ventana
Y si te dijera que te conozco, ¿te asustarías?
Conozco tu caminar al despertar, siempre con un camisón blanco, descalza. Conozco tus ruidos en el baño, tus líquidos, tus gases y tus sólidos. Cómo coges el papel antes de sentarte en el baño, y lo doblas en tres. Me gusta cómo te tocas un pie con el otro, rozándose, reconociéndose constantemente, uno con otro, otro contra uno. Conozco el sonido del cepillo de dientes en tu boca, primero fuerte, luego despacio, después sin ruido, y luego otra vez fuerte, hasta que te enjuagas la boca y escupes. Conozco el ruido del agua sobre tu cuerpo, tu voz cuando cantas bajo la ducha, sí, tu voz. La conozco muy bien. Sé cuando estás triste, feliz, eufórica o pasiva. Conozco tus cadencias, y tus tonos, tus silencios y tus tildes. Fue lo primero que conocí, tu voz.
Conozco la manera en la que te envuelves con el albornoz y te secas los dedos de los pies, uno a uno, como si fueran cuerpos independientes y tuvieras todo el tiempo para dedicarle a cada uno. Conozco cómo te sacudes el agua del pelo, moviendo la cabeza de arriba a abajo, y de cepillarlo todo hacia atrás, de ponerte crema hidratante en pequeños montoncitos sobre tu piel y luego extenderla por partes.
Apenas veo tu cara, pero la imagino... y la toco. Tus párpados, tus labios y tus lóbulos.
Sin embargo, tus pies... Tus pies siempre los veo desde mi ventana. Sí, desde esa ventana que siempre está cerrada y que da al baño de tu patio interior. A veces miras hacia allí y me escondo, rápidamente, temblando, pensando que me has descubierto. Luego, me doy cuenta de que no me ves, de que es imposible que me veas, porque no existo.
Conozco... conozco tantas cosas de ti.