lunes, 21 de septiembre de 2009

Canas y caramelos de naranja

Tengo muchas canas. Me gustan las canas, pero no me quedan bien, se me ve el pelo a trozos, partes blancas, partes morenas, partes quemadas por el sol... ¿Y si me dejo todo el pelo blanco? Pero entonces me tendría que teñir todo de blanco, y no, no me gusta. Así que me voy a una de las peluquerías que en los últimos años han tomado las calles de todas las ciudades de España. Parece que entras en una nave de extraterrestres, con esa luz tan blanca, tan fuerte y tan fría y una música altísima y estridente que anula todos los sentidos. No hay nada cálido, todo frío. Hola, tengo un curso a las doce, ¿me da tiempo de teñir y de depilarme? Sí, claro. Mientras te hace efecto el tinte te podemos ir depilando. Qué horror, siempre estas manías de aprovechar el tiempo, pffff, odio esa palabra, aprovechar... 

Uno de los tripulantes de la nave me pone una bata de papel negra y me mete un papel en el bolsillo con mi número, como si fuera una oveja que mandan a esquilar. Y allí mismo  otra chica llena de piercings me dice dónde me tengo que sentar. Sigo sus órdenes obediente y me siento, saco mi libro, e intento abstraerme de la música y de la luz. Qué martirio. Con lo que me gustan los sitios donde te puedes relajar... Pero ¿quién me manda ir allí? Sí, recuerda, pagas la mitad de lo que pagabas en otras peluquerías, sí, la mitad. Es verdad, ya me acuerdo. Bueno, pues a aguantar. Es sólo un rato, cambiar el color de mis queridas canas y ya está. Aguanta. Regresa la chica de los piercings con un bote lleno de un potingue color crema. Y con un pincel me empieza a extender el susodicho potingue color crema por toda la cabeza. ¿Y si inventaran un tinte que no tiñera sólo las canas, sino que también tiñera los pensamientos, de rosa, morado...?  Miro a mi lado, más mujeres cambiándose el color de su pelo. ¿Han existido siempre las peluquerías? ¿Nos hemos teñido siempre el pelo? Me parece increíble, el número de peluquerías, los litros de tinte, las horas invertidas... Una pérdida de tiempo. Si nos quedáramos todos calvos estaríamos muy feos, y no tengo nada contra los calvos, me gustan, pero si hubiera un microondas en casa donde pudiéramos meter la cabeza, poner el programa y salir ya con el color y el peinado que quisiéramos... Sí, eso estaría bien. De todas formas, y sigo pensando en la nave blanca dónde estoy sentada, si hubieran creado el mismo concepto pero con menos luz, con una luz más amable, con una música más tranquila... ¿Cada vez que vengo me pregunto como podéis trabajar todo el día con esta música y esta luz? Le comento a una de las tripulantes. Sí, al principio lo pasas mal pero luego ya te acostumbras... Pero luego ya te acostumbras.... Pero luego ya te acostumbras... Se me queda esta frase dentro, es como una epidemia, contagiosa, muy contagiosa... 

Salgo con el pelo sin canas y con las  piernas sin pelos. Tengo que pasar por el banco antes de ir al curso. Han arreglado la oficina. Ahora es toda naranja. Abro la puerta, y me da la sensación de entrar en una caja de plástico naranja, qué luz tan espantosa. Y que sensación tan extraña, parece que me hayan puesto unas gafas con cristales naranjas, o que sea un caramelo de naranja envuelto en celofán...pfff... ¿Cómo podéis trabajar así? le pregunto a la chica que está en la caja. Sí, los primeros días se nos hacía un poco raro pero luego ya te acostumbras... Pero luego ya te acostumbras... Pero luego ya te acostumbras... 

4 comentarios:

Pascual Moreno dijo...

Sí, en una carrera de kilómetro y medio, ya no sabemos cuál de las dos palabras se caería antes, si provecho o costumbre. Me gusta cómo derivas hacia ese punto.

Me preocupa el hecho de que el mundo se adapte a los madrugones cuando es de noche, que en las paradas de los autobuses nos hicieron promesas y sólo encontramos iguales, que ni el pincho de tortilla de las diez y media estaba tan bueno, ni la chica de Turquía, que vino con el escritor Pamuk bajo el brazo, nos gustaba tanto.

Mas todavía quedan caramelos de naranja, aún seguimos siendo incapaces de esperar a que los profesores enciendan las pizarras, y si hace dos semanas soñamos que le hacíamos daño a alguien, ayer proseguimos el viaje. De no ser por las costumbres de las alarmas, estaríamos en alguna jaula.

Llegado el caso hablaremos de cuando las peluqueras salen de trabajar y bailan en las estaciones de trenes con las plantas de los pies, de cuando nos retopamos con alguna tormenta de nieve que diluvió sobre nuestros dieciséis.

PHAROS dijo...

He estado en tu nave espacial, impersonal, fría e incómoda, individualista.
Con la música estridente no se escucha las conversaciones de antes, de cómo está la familia, cuanto te ha crecido el pelo, que tal las niñas, te corto las puntas….

Los tripulantes de la nave, van cambiando y rotando a otras naves por lo tanto, siempre tienes que explicar una y otra vez como quieres el cabello (una amiga mía que fue peluquera siempre me decía! Por dios!! No digas pelos, pelos es el pelaje de los animales y cabello la melena de los seres humano (Ahhhhhhh),a partir de entonces si me acuerdo digo cabbbbbbbbbbbelllllo)y las manías de él, uniendo las tuyas que adquieres con el tiempo.

Esa imagen vende precios bajos, tratos robotizados, cuando salgo pienso siempre, mañana no se acordaran de de mi cabello que si se enreda, se encrespa,

Las esteticienes de las naves lo hacen todo express..
Entre el calor de la cabeza y el del cuerpo por la cera, la música y la luz dañina para los ojos quieres salir corriendo a un spa urgente anti naves espaciales

Es duro en sí trabajar, pero los más duro es tener que acostumbrar al entorno.

ASTEROIDE B 612 dijo...

¡Vaya! Acabo de venir de la peluquería, sin embargo, entre la peluquera y yo hemos arreglado el mundo mejor que los señores que se encargan de ello. Buen repaso le hemos dado, pero como han venido dos, sólo dos, personas más, parecía feo seguir hablando del tema y he decidido echarme una sietecita en la silla y dejar de hablar con el consentimiento implícito de la otra parte.

De todos modos, desde una óptica naranja histeria, si nos robotizasen un poco más podríamos estirarnos de los pelos de las piernas lo suficiente como para sacar las canas de la cabeza sin tener que salir de casa. Pudiera ser otra solución al microondas tiñe-pelos.

Azul dijo...

Gracias Pascual... cómo me gusta leerte... i miss el orden natural de las cosas :)).

Pharos y Asteroide, me he puesto el pelo azul, espero que os guste :). Tendríamos q inventar algo intermedio, que fueran bosques con ríos en lugar de naves con luces, que no hiciera falta hablar, ni pasara nada por hablar, que los secadores fueran de viento y los lavacabezas de manantiales, las limas de piedras y los champús de arcilla...

Mil besos