lunes, 25 de abril de 2011

sin amarres

Francisco toca la guitarra. Canta fados. Tiene barba y una novia alemana que siempre sonríe. Mi padre quería que le sucediera en la empresa de publicidad. Pero no quiero. No puedo. Vine de Erasmus y aquí me quedé. Trabajé en la universidad de profesor. Pero tampoco me sentía bien. Ahora canto aquí. Cada martes. También doy clases en casa. De fotografía. Y de diseño. Sale con su carrito. K mientras juega con el gintonic. Dí todo. Sí, hasta los libros. Todo. Y ahora no se encuentra aquí. O allí. Me siguen llorando los ojos. Voy a la playa, pero no es mi playa. Hablan de morfina. Hay que empezar a darle morfina. Y él se pregunta: y qué ha pasado con mi vida? dónde está? Ya está? sí. Se acabó. Si lo hubiera sabido. Y por qué hay personas que nos estancan? y por qué no empezar a caminar libres? y por qué no soltar todos esos lastres? y por qué no ? y por qué tardar tanto en abrir las alas? Acaso no te quedan ya alas? Sube, sube, sigue subiendo. Da igual la morfina. Da igual dónde empieza la vida o dónde la muerte. Petit mort. O grand mort. Siempre es mort. Cada momento. Cada instante. Más morfina. Más vida. Más mar. But I need my room. A room of my own.

2 comentarios:

MariaPilar dijo...

Nos amarramos porque tenemos miedo a lo desconocido, nos acostumbramos a la comodidad, pero para ser libres tenemos que vivir sin amarres

PHAROS dijo...

Nos amarramos porque tenemos miedo a lo desconocido, nos acostumbramos a la comodidad, pero para ser libres tenemos que vivir sin amarres